El Mundo en el que Vivo

S/70.00

Autor: Keller Helen

Editorial: Atalanta

ISBN: 9788493963521

Año de Edición: 2012

Categoría:

Descripción

Helen Keller nació en Tuscumbia, una pequeña ciudad rural de Alabama, en 1880. A los diecinueve meses, una fiebre desconocida la dejó sorda, muda y ciega. Desde entonces sus dedos se convirtieron en sus «nuevos ojos»; las vibraciones del suelo, en las distancias del espacio. Podía oler, saborear y tocar el mundo, pero eso era todo. Este absoluto aislamiento la distanció de su desarrollo humano hasta quedar reducida al estado larvario de un animalito salvaje suspendido en una interminable noche de silencio. Helen permaneció así hasta que sus padres encontraron una educadora especial, Anne Sullivan, que a las pocas semanas logró vencer su terca ferocidad y comenzó a hacer progresos. Un día dejó caer sobre la mano de Helen un chorro de agua y luego deletreó varias veces en su palma la palabra water. La niña entendió enseguida el significado de esos signos, y esa palabra despertó a su espíritu de las tinieblas. A partir de ese momento, su educación experimentó un avance sorprendente. En diez semanas aprendió el alfabeto y podía comunicarse con su educadora. Gracias al poder del lenguaje, el mundo empezaba a cobrar un significado nuevo, cada vez más complejo. Tras mucho entrenamiento, Helen pudo «escuchar» por la vibración de sus labios las palabras que pronunciaba y acabó dando conferencias. También escribió varios libros. William James y Mark Twain le profesaron su admiración. Murió en 1968, a los ochenta y siete años, feliz, habiéndose ganado el reconocimiento mundial.

Valoraciones

No hay valoraciones aún.

Sé el primero en valorar “El Mundo en el que Vivo”

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descripción

Helen Keller nació en Tuscumbia, una pequeña ciudad rural de Alabama, en 1880. A los diecinueve meses, una fiebre desconocida la dejó sorda, muda y ciega. Desde entonces sus dedos se convirtieron en sus «nuevos ojos»; las vibraciones del suelo, en las distancias del espacio. Podía oler, saborear y tocar el mundo, pero eso era todo. Este absoluto aislamiento la distanció de su desarrollo humano hasta quedar reducida al estado larvario de un animalito salvaje suspendido en una interminable noche de silencio. Helen permaneció así hasta que sus padres encontraron una educadora especial, Anne Sullivan, que a las pocas semanas logró vencer su terca ferocidad y comenzó a hacer progresos. Un día dejó caer sobre la mano de Helen un chorro de agua y luego deletreó varias veces en su palma la palabra water. La niña entendió enseguida el significado de esos signos, y esa palabra despertó a su espíritu de las tinieblas. A partir de ese momento, su educación experimentó un avance sorprendente. En diez semanas aprendió el alfabeto y podía comunicarse con su educadora. Gracias al poder del lenguaje, el mundo empezaba a cobrar un significado nuevo, cada vez más complejo. Tras mucho entrenamiento, Helen pudo «escuchar» por la vibración de sus labios las palabras que pronunciaba y acabó dando conferencias. También escribió varios libros. William James y Mark Twain le profesaron su admiración. Murió en 1968, a los ochenta y siete años, feliz, habiéndose ganado el reconocimiento mundial.